Pipo-Ernes y las empanadillas

Este relato lo envió mami hace un tiempo y se me había traspapelado:


 

Cuando mi hijo Ernestico tenía 10 años, estudiaba muy cerca del edificio de la Empresa  donde yo trabajaba, y lo autorizamos a salir solito a las 4:30 p.m. Cuando concluía su jornada de clases.Y debía venir sin desvío alguno hasta la oficina donde lo estaría  esperando.Era un poquitín riesgoso porque,tenía que atravesar la Plaza de los Trabajadores nudo de buena circulación de vehículos, para un niño que era bien protegido por nuestra familia hasta ese momento.

Pero los hijos crecen y los padres deben darle ciertas libertades.Fue mi hijo un niño muy andariego y con grandes deseos de liberarse de las órdenes, y las limitaciones de sus mayores.Llegaba y pedía de nuevo permiso para comprar cuanta chuchería pasaba por su cabeza.Asi fue aprendiendo donde comprar helados y que no fueran de Coppelia porque era muy cerca, comprar galletas y que fueran del parque Agramonte ,bien distante de mi oficina….y asi eran sus compras.

Asi descubrió que bajando la calle Padre Valencia había una cafetería con las empanadillas más sabrosas que él había comido, se escapó y trajo 20 empanadillas, en un cartucho de papel, todo embarrado de grasa y se ganó un regaño y la suspensión de su autorización de salida solo.Pobrecito lloró muchísimo y ni probó sus empanadillas.Dos horas despues termine mi trabajo y nos fuimos a casa de mis padres.Alli no recuerdo como mi hijo le dió a su abuelo unas empanadillas y se las comieron todas, sentados en la mesa del comedor. Al despedirnos mi viejo le recordó vienes mañana y trae de lo que nos gusta.(por supuesto se refería a las empanadillas).

Tuve que ceder y darle permiso de nuevo, y Ernes compraba aquellas empanadillas tan maravillosas, al cabo del tiempo a mi niño se le olvidó que el ardid de las empanadillas lo salvaron y una tarde no le brindó a su viejo abuelo.Mi papi ya estaba ciego, y buscaba por toda la mesa tanteando, hasta que topaba el cartucho y comía.Embullandose cada vez mas hasta que unas tardes despues vimos lo que en realidad sucedía, las empanadillas en realidad Ernes las compraba para el abuelo y se las ponía un poquito distantes para decirle:

-Pipo, ¿dónde está mi cartuchito de empanadillas?

Y Pipo como otro niño grande le decía:

Yo no lo he visto y no era mentira, verlo no lo había visto sino que se había comido

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